lunes, 28 de marzo de 2011

Miserias a las puertas de la universidad






A tan sólo unos metros de la sede de la Universidad Mayor en la comuna de Huechuraba, una de las más modernas de la capital, se encuentra el poblado de "El barrero". En donde la pobreza y la necesidad cercana y palpable, contrasta con el moderno complejo universitario y con la vida del campus.

La necesidad de expansión hacia el norte y hacia oriente en Santiago ha provocado que las nuevas construcciones lleguen ya a las faldas de los montes que circundan la ciudad. Es el caso de la última sede construida por la Universidad Mayor en la comuna de Huchuraba, literalmente encaramada en un promontorio. A diferencia de las nuevas zonas residenciales construidas en esta comuna, la nueva sede de la Mayor se encuentra justo en el límite donde acaba uno de los barrios marginales de la capital, Araucane, más conocido como "El barrero".

El grado de inmersión y de interacción entre ambas comunidades, los habitantes de la zona y los estudiantes y profesores, es prácticamente nulo. Se limita a unos pocos universitarios que utilizan el transporte público con parada al final de "El barrero" ya que el resto de los jovenes llegan mediante micros privados de la universidad o en auto.

Ya nada más salir del parking de la universidad nos encontramos con Hector, un hombre de unos 60 años de edad que junto con un compañero se afana en la búsqueda de cualquier cosa que pueda ser rescatable de la basura. Se puede apreciar por su rostro curtido por el sol y por su energía que no le hace ascos al trabajo. Nos comenta sin hacer pausa en su rutina que el kilo de "lata" está ahora en unos 300 pesos y que sobre todo lo que más recoge es papel para ser reciclado. Ellos forman el primer eslabón de una perversa cadena de reciclaje cuyo funcionamiento es conocido y asumido por la gran mayoría.

Adentrándonos ya en Araucane podemos apreciar calma y rutina en el ambiente y en la gente. Esta sensación de normalidad la corrobora Yanara una tendera local que se queja de la inseguridad por las noches a la vez que admite que durante el día no es tan inseguro. Al preguntarle sobre la crisis, el terremoto y los efectos de esta en la economía del barrio, nos confirma que no se ha apreciado cambio alguno. El principal problema según ella son los salarios que reciben los chilenos y el valor ilógico de los productos y servicios. Sueldos que no llegan para comprar las cosas más básicas y que empujan a los ciudadanos de barrios como este a buscarse la vida por otros medios.

Los numerosos postes de electricidad de "El Barrero" con sus correspondientes marañas de cables, que hacen que el trabajo de electricista adquiera el grado de artesano, están en su práctica totalidad decorados con los colores de algún club de fútbol Santiaguino. El de una calle con el blanco y negro de Colo-Colo, el de la siguiente rojiazúl, los colores de la Universidad de Chile. En algunos incluso se aprecian objetos suspendidos de los cables, zapatillas en su mayoría, trofeos y advertencias que las bandas de jovenes colocan estratégicamente para "avisar" a sus rivales.

Al doblar la esquina de la calle Ramirez vemos a Andrés un hombre de mediana edad que repara su automóvil en plena calle. De rodillas y sobre la acera de tierra nos habla de la simpleza de la operación, que a buen seguro no será la primera que realiza a su viejo auto. Parece un milagro que siga funcionando.

Este panorama de contrastes es el que nos encontramos en los confines de Huechuraba, el Reggaetón a todo volumen, las aceras de tierra, las casas de madera mal cortada y ajustada, se pueden divisar desde las flamantes canchas de tenis del campus. Dos mundos separados por una cortina de árboles, que se miran de reojo, ambos son conscientes de la existencia del otro pero continúan con sus rutinas ajenas y gente despreocupada de lo que pueda ocurrir más al otro lado.

Hecho por: Nicolás Keller y Cesar Herreros
Clase: Digitalización de Expresiones Gráficas
Universidad: Mayor

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